miércoles, 20 de febrero de 2013

Bebesaurio verde, la anomalía política



Jenaro Villamil

MÉXICO, D.F. (apro).- Si Chabelo a sus varias décadas de edad puede disfrazarse de niño y promover como “programa infantil” una emisión dominical en Televisa dedicada al consumo de comida chatarra, por qué no Jorge Emilio González Martínez, a sus 41 años, puede seguir siendo denominado el Niño Verde cuando tiene una trayectoria digna de dinosaurio político: dos veces diputado federal, dos veces senador (ahora por Quintana Roo), sin ninguna iniciativa de ley que se le recuerde y con muchos escándalos de junior en su trayectoria como heredero de una franquicia familiar que se vende al mejor postor (al PRD, al PAN y ahora al PRI).

De vez en vez, Jorge Emilio nos sorprende con alguno de sus escándalos. En febrero de 2004 apareció en una videograbación cuando le pedía dos millones de dólares a un empresario para hacer trámites. Un coyote de lujo. El escándalo fue perdonado por Televisa y TV Azteca, y sepultado por los videoescándalos promovidos por la televisora de Azcárraga Jean, por Salinas de Gortari y por Carlos Ahumada en contra de Andrés Manuel López Obrador.
Hace año y medio, en vísperas de los comicios federales de 2012, la joven extranjera Galina Chankova Chaneva “se cayó” (¿o fue arrojada?) en un departamento de lujo en la zona hotelera de Cancún. Se celebraba una fiesta típica de la pandilla de juniors que se han adueñado del presupuesto y de los grandes negocios de Cancún.
Resultó que ese y otros departamentos pertenecían a Jorge Emilio. El Bebesaurio Verde se justificó diciendo que nunca estuvo en esa reunión. Y el caso fue sepultado en la opacidad absoluta. A pesar de ese escándalo, el PRI lo cobijó y aceptó que el dueño de la franquicia familiar llamada Partido Verde fuera el candidato a senador por Quintana Roo. El convenio de coalición para el 2012 con este partido incluyó una cesión importante de candidaturas, incluyendo la de gobernador en Chiapas para Manuel Velasco.
Desde la llegada de Vicente Fox al poder, el ascenso del PVEM ha sido imparable. Fue una creación original de Manuel Camacho y de Marcelo Ebrard, cuando ambos gobernaban el Distrito Federal en el gobierno de Carlos Salinas. Necesitaban ambientalistas dóciles y funcionales a su proyecto. Ebrard fue diputado federal por este partido. Y luego se distanciaron. El PVEM rompió con el PRI y apoyó a Fox en la campaña del 2000. A partir del 2006 se inauguró como el partido franquicia de la telebancada.
El PVEM fue expulsado de la coalición internacional de partidos, precisamente por sus plataformas a favor de la pena de muerte a secuestradores, o su apoyo a grandes trasnacionales de los productos transgénicos. Bajo el argumento de captar el voto joven, despistado y telegénico, el PVEM ha sabido sobrevivir y convertirse en la cuarta fuerza política en el Congreso. Incluso, ya tiene un cargo en el gabinete de Peña Nieto: el titular de Semarnat, Juan José Guerra Abud, fue el coordinador de la bancada de este partido.
A varios meses de iniciada la presente legislatura, al senador Jorge Emilio no se le recuerda por ninguna participación destacada en la reforma laboral, en la reforma educativa o en las discusiones sobre la Ley de Telecomunicaciones.
Mucho menos se ha pronunciado en la Cámara alta frente al proyecto Dragon Mart que se pretende construir precisamente en Cancún, el municipio y la entidad que supuestamente representa el Niño Verde, a pesar de la oposición de decenas de organizaciones ambientalistas.
A Jorge Emilio se le recordará este año por su “sabadazo” en “El Torito” y por convertir su caso en un Trending Topic en Twitter. El Junior violó los límites del alcoholímetro después de una fiesta en Bosques de las Lomas. Cuando fue pillado por el operativo capitalino, cambió su nombre, como suelen hacer los pícaros que no quieren dejar su identidad. Ahora dice que fue para no “charolear” con su cargo como senador.
En El Torito tramitó un amparo de estos efímeros que dan los coyotes para aquellos incautos que ignoran que esta sanción administrativa nunca ha sido amparada por nadie. Pagó 2,300 pesos. Se quedó sólo seis horas y salió de este sitio, en medio de un escándalo mediático digno del folclor político.
En su peculiar cabroñol, Jorge Emilio habla no como legislador sino como un Junior que se llena la boca con canicas y expresiones con franco problema de sintaxis. En declaraciones a los medios dijo que tramitó el amparo porque tenía hambre, sed y frío. Pobrecito. No es lo mismo El Torito que el Mercedes Benz que conducía. Y que “cumplirá” con su sanción el próximo sábado.
El caso del Niño Verde ha sido utilizado por algunos medios electrónicos y comentaristas de éstos para emprenderla contra el Senado. ¡Vergüenza para el Senado!, claman los ruidosos del espectro radioeléctrico. Lo que obviamente no dicen es que el PVEM se ha convertido en el Caballo de Troya ideal para que las televisoras formen su “telebancada” y protejan sus interese bajo el logotipo del partido del tucán.
Tampoco dicen que el PVEM se convirtió en la cuarta fuerza partidista del país, con Jorge Emilio al frente, gracias al apoyo grosero de Televisa y TV Azteca a través de “publicidad encubierta” para promover las causas más groseras de este partido, como la pena de muerte a secuestradores.
La impunidad con la que ha actuado El Bebesaurio Verde sólo es producto de una red de intereses que tanto el PRI, como el grupo de Peña Nieto y las televisoras, han cobijado para que les sirva no como “partido bisagra” sino como franquicia que se vende al mejor postor.

Fuente Proceso

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