domingo, 31 de marzo de 2013

Encubrimiento de curas pedófilos

Ciudad de México.- El cardenal Juan Sandoval Íñiguez –quien participó el martes 12 y el miércoles 13 en el cónclave que eligió al Papa Francisco– guardó silencio acerca de las actividades de un sacerdote acusado de cometer abusos sexuales contra menores y de las cuales tuvo noticia.

Cuando aún era arzobispo de Guadalajara, el prelado se negó a colaborar en la investigación sobre el sacerdote Nemorio Villa Gómez, como sale a la luz en documentos desclasificados por la arquidiócesis de Los Ángeles. Así consta en un memorando del 24 de octubre de 2009 de Michael Myers, en ese momento vicario en esa congregación, a Marge Graf, consejera general de la misma: “Se recibió otra denuncia en 2008. En ese momento se creía que el padre Villa estaba viviendo en Guadalajara y fue enviada una carta al arzobispo de Guadalajara notificándole del alegato. Nunca se recibió respuesta”, dice el religioso en la nota consultada en línea por Proceso.

En una carta del 23 de mayo de 1994, con copia a Sandoval, el entonces vicario de esa congregación, Timothy Dyer, le pide a Villa que se reúna con él cuando llegue a Los Angeles.

El 29 de enero de 1996 el sucesor de Dyer, Richard A. Loomis, dirigió una nueva misiva confidencial a Villa y a Sandoval, en la que le niega al primero la renovación de sus facultades eclesiásticas.

Villa Gómez –cuyo expediente consta de 50 documentos– nació el 7 de septiembre de 1924 en La Manzanilla, Jalisco, y fue ordenado sacerdote el 16 de junio de 1957 en Culiacán. Entre 1964 y 1990, año en el que quedó inactivo, ofició en varias parroquias en Los Ángeles.

Los expedientes –desclasificados por una orden judicial– ofrecen detalles de la política de encubrimiento y connivencia de la jerarquía eclesiástica hacia clérigos acusados de pederastia. Al menos cuatro sacerdotes están implicados en esos hechos: Villa Gómez, Nicolás Aguilar, Fidencio Simón Silva Flores y Willebaldo Castro.

En julio de 2007 la arquidiócesis de Los Ángeles, encabezada entonces por Roger Mahony, se disculpó con 508 víctimas de abuso sexual y la Iglesia llegó a un acuerdo extrajudicial por más de 660 millones de dólares a causa de una demanda en su contra por su complicidad en esas agresiones.

Refugio de delincuentes

El pasado enero la juez de Los Ángeles Emilie Elias dispuso que los expedientes –122 archivos (que suman unas 12 mil páginas), 83 de los cuales contienen denuncias de abusos sexuales contra menores– se hicieran públicos, así como los nombres de los sacerdotes acusados de pederastia. Pese a ello, los documentos –que se pueden consultar en internet– están llenos de tachaduras encima de los nombres de los párrocos implicados.

Lo que queda claro al revisar los expedientes es que la arquidiócesis de Los Ángeles dio refugio a clérigos de México, El Salvador, Colombia, España y Filipinas, entre otras naciones, que estaban bajo sospecha de haber cometido abusos sexuales.

Mahony fue arzobispo de Los Angeles de 1985 a 2011, cuando fue reemplazado debido a los señalamientos de encubrimiento de sacerdotes pederastas. El 1 de febrero de ese año fue separado de todos sus cargos.

Nicolás Aguilar, condenado en México por abuso de menores y quien obtuvo libertad bajo fianza en 1999, es acusado en Estados Unidos por agresiones sexuales contra al menos 26 menores. Una de sus víctimas, Joaquín Aguilar, los demandó a él, a Mahony y al arzobispo primado de México, Norberto Rivera, a quienes acusa de haber protegido al pederasta en 1987.

Perfil conocido

Una ficha de la arquidiócesis de Los Angeles –fechada el 2 de julio de 1993– dice que había rumores sobre Villa, mientras otra, del 12 de julio de ese año, señala: “Suele llevar a niños en su auto para comprar hamburguesas. Me dijeron que los niños lo estaban viendo en la rectoría. Les dije que no fueran a verlo allí. Cuando dejé la parroquia, los seminaristas de San Antonio venían a decir que el padre Villa estaba llevando niños de vacaciones, al cine, etc. Entonces hubo un rumor: Alguien pedía dinero al padre o esta persona iría a las autoridades”.

El 30 de abril de 1994 Dyer le envía a Mahony un memorando confidencial sobre esos rumores: “A finales del año pasado recibí reportes de las Hermanas de San Antonio de Padua de que había rumores fuertes sobre el involucramiento del padre Villa con niños años antes de que dejara la arquidiócesis. Lo verifiqué con el padre (tachado), quien fue pastor en esos años, y confirmó que había habido rumores”.

Sobre el sacerdote pesan al menos tres denuncias de abuso sobre hechos ocurridos a mediados de los sesenta y entre 1978 y 1979.

Un correo electrónico del 22 de abril de 2002 de un remitente cuyo nombre está tachado, y enviado a Craig Cox, rector del seminario de San Juan en Camarillo, California, da cuenta de un abuso cometido por Villa: “Me abrazó, me sopló en el oído, me tocó los genitales”.

La ficha del sacerdote relata que “la hermana de dos jóvenes notificaron a (tachado) que cuando sus hermanos eran monaguillos” el padre “les mostraba revistas para excitarlos sexualmente. Uno de los hermanos no dirá qué más pasó y no hablará” con la Oficina de Asistencia a la Víctima de la arquidiócesis de Los Angeles. El otro hermano ya murió.

En 1994 Villa apareció en la parroquia de Jesús Niño, en Guadalajara. El 12 de abril de ese año un sacerdote le escribe a un destinario, cuyo nombre está tachado, para notificar que el sacerdote “me está haciendo el favor de ayudarme a celebrar la santa misa en los domingos y algunas veces entre semana, sobre todo cuando su salud se lo permite”.

Depredador prófugo

Más grave es el caso del sacerdote Fidencio Silva, acusado en mayo de 2002 por ocho personas de agresión, supervisión negligente y abuso sexual cometido entre 1979 y 1985.

Silva fue ordenado sacerdote el 1 de enero de 1978 en la orden de los Misioneros del Espíritu Santo, en Guadalajara. Entre 1978 y 1995, año en el que abandonó la Iglesia, trabajó en varias capillas californianas.

En una carta del 12 de diciembre de ese año, con copia a Silva, Domenico di Raimondo, superior de los Misioneros, le avisa a Dyer de tres documentos relacionados con las denuncias entabladas. El primero es el “reporte sobre la entrevista con padre Fidencio Simón Silva Flores sobre una acusación de acoso sexual” del 7 de abril de 1995.

Los documentos aluden a un memorando del 3 de abril de 1995, sobre (tachado), “alegatos de un ex novicio, quien denunció que el padre Silva le pedía que se desnudaran, acercamiento sexual. Le pidió que se desvistiera y se sentara frente a él, le pidió tener una erección frente a él. En un momento dado, puso sus manos en sus genitales, encontraron cintas porno en la habitación del padre Silva”.

En un borrador de una carta a Silva del 29 de noviembre de 1995, Dyer declara que los alegatos habían sido aceptados como verídicos y que será reconsiderada su solicitud para futuros ministerios en la arquidiócesis.

Un fax del 2 de abril de 2002, de dos páginas, dirigido a Mahony y en el cual están tachados los nombres del destinatario y del remitente, dice: “Estoy escribiendo esta carta para presentarle información sobre acoso repetido de un joven por parte del sacerdote Fidencio Silva Flores cuando ofició en la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Oxnard. No puedo localizar al padre Flores y le presento esto para que pueda entregar cualquier información que tenga de él a las autoridades. Avíseme del paradero del padre Flores y de cualquier medida que se tome para prevenir que abuse de otros”.

Otro documento, del 10 de abril –aparentemente un correo electrónico con los nombres del remitente y del destinatario tachados y con la leyenda “importancia alta”–, denota que encontraron a Silva Flores: “Pudimos localizarlo en el número (tachado)”. El documento está firmado con las iniciales L. M.

El 12 y el 16 de abril de 2002 un hombre reportó a la Oficina de Asistencia a la Víctima de la arquidiócesis que Silva mantuvo una relación sexual con él entre 1992 y 1994, cuando tenía 20 años. El 27 de marzo de 2003 el fiscal de distrito de Ventura, California, lo acusó de 25 cargos por acoso contra ocho menores.

Cómplices de pederastia

Durante los preparativos del cónclave que eligió al Papa Francisco como nuevo pontífice de la Iglesia Católica, se aceleraron los esfuerzos de un movimiento mundial para que no participaran en la elección los cardenales involucrados directa o indirectamente en casos de pederastia.

La presión se ejerció sobre un grupo de al menos cinco purpurados que protegieron a sacerdotes acusados de abuso sexual, entre ellos el mexicano Norberto Rivera, uno de los 117 cardenales que componen el Colegio Cardenalicio que en los próximos días deberá escoger al sucesor de Benedicto XVI, tras hacerse efectiva su renuncia el 28 de febrero.

“Para que la Iglesia recupere su calidad moral y lo que era antes, el Papa tiene que ser elegido por gente que tenga buena calidad moral”, dijo Joaquín Aguilar.

“Para salir de la terrible crisis en que han caído, por el encubrimiento de abuso sexual, necesitamos que aquellos que han sido acusados, se dispensen y no participen”, explicó el portavoz de la Red de Sobrevivientes de Abusos de Sacerdotes (SNAP por sus siglas en inglés), en que participan víctimas de todos los continentes.

“En todo el mundo, cuando eres cómplice de algún delito, acusado o sentenciado, se suspenden los derechos políticos, por lo que no se puede votar ni ser votado. ¿Por qué el Vaticano no lo hace, si pretende ser una institución moral? Es una vergüenza para la institución. Los acusados se burlan de las víctimas y los reclamos”, cuestionó.

Aguilar fue víctima de abuso sexual en 1994, cuando era seminarista, por parte del sacerdote Nicolás Aguilar, con quien no guarda parentesco. El clérigo ofició en la ciudad de Puebla y luego en Los Ángeles.

Allí lo envió el ahora cardenal Rivera para protegerlo, según consta en documentos que la Arquidiócesis de Los Ángeles desclasificó en febrero por orden de un tribunal.

Nicolás Aguilar fue condenado en México por abuso de menores, pero obtuvo su libertad bajo fianza en 1999 y ahora se desconoce su paradero. Es buscado en Estados Unidos por señalamientos de agresiones sexuales contra al menos 26 niños.

Joaquín Aguilar mantiene una demanda en un tribunal de esa ciudad estadounidense contra Rivera por encubrir a su victimario en 1987, cuando era obispo de Tehuacán, en Puebla.

La querella también abarca al cardenal estadounidense Roger Mahony, quien fue arzobispo de Los Ángeles entre 1985 y 2011, cuando fue sustituido por las acusaciones de encubrimiento de 122 sacerdotes pederastas en su arquidiócesis.

El 1 de febrero fue removido de todos los cargos que mantenía, cuando el tribunal de la causa hizo público el expediente que detalla su papel de encubridor de delitos sexuales, y el 23 de febrero debió testificar sobre el caso.

Pero el domingo 3 Mahony ratificó en el Vaticano que participará en el cónclave.

Diseminados por el mundo

El alemán Joseph Ratzinger anunció el 11 de febrero su renuncia como Benedicto XVI, cuyo papado comenzó el 19 de abril de 2005. Tras su retiro comenzaron las reuniones preliminares en el Vaticano, para definir la fecha y otros elementos del cónclave que elegirá al nuevo Papa.

El Colegio Cardenalicio está compuesto por los cardenales con menos de 80 años.

Entre los cardenales presionados para abstenerse del cónclave estuvo también Séan Brady, primado de la Iglesia de Irlanda, de quien la prensa de su país reveló en 2010 que cuando era sacerdote en 1974 asistió a reuniones para acallar a dos niños víctimas de un presbítero pedófilo.

También figura el belga Godfried Danneels, quien fue primado de su país hasta 2010. La prensa de Bélgica reveló que el cardenal supo de al menos 40 casos de abuso sexual contra niños cometidos por sacerdotes.

El caso más reciente, y el único positivamente resuelto, es el del cardenal Keith O’Brien, jefe de la Iglesia Católica de Escocia, a quien el 25 de febrero Ratzinger admitió su renuncia, aparentemente forzada, en una de las postreras actuaciones de su papado.

Antes, el diario británico The Observer había publicado acusaciones de “conducta inapropiada” contra O’Brien, hechas por tres sacerdotes y un ex religioso. O’Brien, quien no asistió al cónclave, admitió el domingo 3 en un comunicado que su “comportamiento sexual” estuvo por debajo de los estándares apropiados y pidió disculpas por ello.

“Es un asunto de justicia para las víctimas de abuso sexual, como también de ética dentro del Colegio Cardenalicio, cuando se va a elegir a alguien que va a velar por la construcción de la justicia. No pueden hacerlo si han sido complacientes”, dijo la secretaria ejecutiva del no gubernamental Observatorio Eclesial, Gabriela Juárez.

Solo O’Brien se automarginó de la elección del nuevo Papa.

Ratzinger será recordado tanto por haber acometido el tema de la pedofilia entre sus miembros, como por la tibieza de la respuesta en la sanción y en el resarcimiento de las víctimas.

En su libro “Abusos sexuales en la Iglesia Católica”, publicado en 2010, el periodista argentino Jorge Llistosella da cuenta de más de nueve mil denuncias públicas contra sacerdotes en las últimas cinco décadas, un subregistro que enumera solo los casos difundidos.

En Estados Unidos hubo 4 mil 450 sacerdotes envueltos en ese tipo de agresiones entre 1950 y 2002, según la Conferencia Episcopal de ese país. En México, la SNAP ubicó al menos a 65 religiosos acusados de delitos sexuales.

El Comité de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño pidió el 25 de enero en su informe periódico sobre Estados Unidos que su gobierno haga más sobre el flagelo de la pedofilia por parte de miembros de diferentes confesiones e instituciones religiosas, en un pronunciamiento que resulta asimilable al de otros muchos países.

El organismo dijo estar “profundamente preocupado” por las informaciones sobre la participación de integrantes de organizaciones religiosas “en una escala masiva y de largo plazo” en actividades como “esclavitud sexual o servidumbre de niños”.

El Comité extendió la preocupación a “la falta de medidas tomadas por el Estado parte para investigar apropiadamente los casos y perseguir a aquellos acusados que son miembros de esas organizaciones e instituciones”.

“La única forma de reparación es que se comience a castigar. También hay que presionar a las autoridades civiles. Estamos en un momento culminante, a punto de elegir a un nuevo Papa, pero también tenemos que ponerle las cartas sobre la mesa de una vez en este asunto”, aseguró Aguilar.

El sector “mafioso”

Por otra parte, en su viaje a Italia para participar en la ceremonia de entronización del Papa Francisco, el presidente Enrique Peña Nieto tuvo otras actividades; entre ellas asistió a un almuerzo en su honor ofrecido por el ex nuncio apostólico en México, Guiseppe Bertello, en la residencia que el cardenal italiano habita como actual presidente del Governatorato del Vaticano, entidad responsable de la gestión del influyente microestado de 44 hectáreas y unos mil habitantes.­

En las dos conferencias de prensa que ofreció en Roma, Peña Nieto sólo se refirió a los encuentros que mantuvo con otros jefes de Estado invitados a la ceremonia y a sus reuniones con el presidente de Irlanda, Michael D. Higgins; con el director de la FAO, José Graciano da Silva, y con la directora del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, Ertharin Cousin. El lunes 18 había departido con los cardenales mexicanos Norberto Rivera, Juan Sandoval Íñiguez, Francisco Robles y Javier Lozano Barragán.

Pero ni una palabra del encuentro y contenido de la reunión con Bertello, a quien el vaticanista Eric Frattini, en entrevista con Proceso, describe como “uno de los hombres más oscuros del Vaticano”.

El gobierno de Peña Nieto intensificó sus contactos con el ala “mafiosa” del Vaticano, revelaron especialistas a Proceso (edición 1898), tras saberse de la renuncia de Benedicto XVI. Uno de los señalados es el arzobispo de Yucatán, Emilio Berlié Belauzarán, conocido “operador político del PRI” en el pasado, sostiene Iván Franco, autor del libro El PRI y sus obispos.

El 17 de febrero el arzobispo se reunió en Bucareli con el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, para hablar de los acontecimientos en el Vaticano.

El investigador Elio Masferrer, especialista en temas religiosos, sostiene que Berlié pertenece a los sectores mafiosos de la curia vaticana, que encabezan Angelo Sodano y Tarcisio Bertone, secretarios de Estado con Juan Pablo II y Benedicto XVI, respectivamente. Sin embargo en el Vaticano ambos grupos, el de Sodano y el de Bertone, están enfrentados, aunque en el cónclave se aliaron para cerrarle el paso a Angelo Scola, arzobispo de Milán.

Eric Frattini, autor del libro Los cuervos del Vaticano. Benedicto XVI en la encrucijada, señala que “Bertello es miembro de la guardia pretoriana de Tarcisio Bertone y uno de los jerarcas que más poder concentra dentro de la curia vaticana, desde su cargo en la Gobernación” y cuyo nombre aparece en los llamados Vatileaks.

Es uno de los cargos que el nuevo Papa ratificó in tempore, es decir, en tanto toma una decisión sobre nuevos nombramientos o ratificaciones. Sin embargo su protector, Bertone, fue duramente cuestionado en el pasado cónclave, donde su gestión recibió las más fuertes críticas por parte de los cardenales brasileños, los estadunidenses y los del bloque austroalemán.

“Bertello fue una de las cuñas que tuvo Bertone para impedir las reformas que intentó Benedicto XVI para limpiar las finanzas del Instituto para las Obras de Religión (IOR)” o Banco Vaticano, dice.

El escritor recuerda que luego de la advertencia que la secretaria de Estado estadunidense Hillary Clinton lanzó sobre la inminente decisión de incluir al banco en la lista negra del Departamento del Tesoro de su país, Benedicto XVI emitió el decreto pontificio 127 y nombró a su amigo íntimo Ettore Gotti Tedeschi al frente de la institución, para iniciar la limpia de las finanzas y encabezar la “transición de un banco negro a uno blanco”.

Este banquero fue quien encontró en las entrañas del IOR las seis cuentas numeradas a nombre de Matteo Messina Denaro, jefe máximo de la Cosa Nostra siciliana, por lo cual pidió al Papa contar con una legislación que estableciera la normativa del Consejo de Europa para contar con un órgano regulador de buena praxis de los órganos financieros vaticanos. El Papa emitió el mencionado decreto pontificio en diciembre de 2010.

“Pero en abril de 2011 Giuseppe Bertello emitió el decreto 157, en el que prácticamente se opone a la decisión de Benedicto XVI y dice que la reforma sólo será parcial y no como la ordenó el Papa. Es como si un cabo desobedeciera a un comandante en jefe”, dice Frattini sobre la impensable decisión del subalterno de rectificar la decisión del Papa.

Al final de cuentas, añade, los inspectores del Moneyvall, el organismo del Consejo de Europa de certificar dicha reforma, se negaron a darle la certificación al banco vaticano, sencillamente porque les fue impedido el acceso a las cuentas del IOR.

Frattini afirma que “fueron Bertone y Bertello quienes se negaron a abrir las cuentas del Vaticano e inició un forcejeo entre el secretario de Estado y Benedicto XVI, que deriva en que el banquero Ettore Gotti Tedeschi es echado de mala manera del banco, al grado que confiesa a la policía italiana que pensaba que los carabinieri eran en realidad sicarios que habían irrumpido en su casa para asesinarlo.

El entrevistado dice que extrañamente en agosto pasado al banco le fue otorgada la certificación, pese a que de las 46 normas que debían aplicar, 12 de ellas absolutamente obligatorias, solo cumplía con cuatro y ocho en forma parcial. “La certificación se entregó con la promesa del banco de cumplir las 46 normas, lo que no ha hecho hasta el día de hoy”, dice.

Fuente http://www.el-periodico.com.mx/noticias/encubrimiento-de-curas-pedofilos/

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