sábado, 17 de agosto de 2013

México y la disputa global por los recursos naturales



Emilio Godoy

MÉXICO, D.F. (apro).-  México enfila hacia su incorporación a la lucha mundial por los recursos naturales, en especial los energéticos.
En la medida en que el petróleo barato escasea y la demanda global crece, los países productores han tenido que buscar nuevas formas de exploración y obtención, con altos costos económicos y ambientales, para sondear el fondo del mar en búsqueda de crudo, procesar elementos pesados, como las arenas bituminosas en Canadá, o aventurarse en el Ártico para adueñarse de los hidrocarburos.

“La mayoría de las fuentes existentes de recursos vitales del mundo –petróleo, gas, uranio, cobre, cobalto y demás- están siendo agotadas sistemáticamente y tendrán que ser reemplazadas con nuevos recursos. Y como la mayoría de reservas conocidas del mundo ya han sido encontradas y puestas en producción, esto requerirá hallar y desarrollar reservas en áreas previamente inaccesibles. Esto está llevando a una intensa batalla global por el control de estas fuentes, escalando las tensiones internacionales e incrementando el riesgo de conflicto”, dice, en entrevista electrónica con Apro, el estadunidense Michael Klare, director del Programa de las Cinco Universidades de Estudios de la Paz y Seguridad Mundial en el Hampshire College, y autor de varios libros sobre la lucha mundial por los recursos.
Desde hace varios años, Klare se ha concentrado en la pugna por las materias primas, especialmente los hidrocarburos, vinculada a la aparición de puntos de conflicto en zonas como el Golfo Pérsico, la cuenca del mar Caspio, el mar de China meridional y, más recientemente, la costa occidental de África y el Ártico.
En su libro más reciente La carrera por lo que queda: la rebatiña mundial por los últimos recursos del mundo (2012), el experto analiza el caso de México y el declive de la producción petrolera, específicamente del yacimiento Cantarell, uno de los últimos grandes campos descubiertos en el siglo XX junto con el de Ghawar en Arabia Saudita, un símbolo del agotamiento de la riqueza material.
“El rápido declive del campo de Cantarell tiene profundas implicaciones para México, Estados Unidos y el mundo en general. Estados Unidos, que importaba mucho del petróleo producido en Cantarell, enfrenta la pérdida de una de sus fuentes de energía más confiables”, dice el volumen, publicado por la casa Henry Holt and Company de Nueva York.
En su obra, el académico señala que los gobiernos y los ejecutivos corporativos reconocen que las reservas existentes se están agotando a un ritmo terrífico y quedarán exhaustas en un futuro no muy lejano. “La única manera para que los países aseguren un adecuado abastecimiento futuro de estos materiales y en consecuencia mantener sus economías zumbando, es adquirir reservorios nuevos y no desarrollados en aquellos pocos sitios que no han sido completamente drenados”, afirma.
Precisamente, los depósitos prospectivos que Petróleos Mexicanos (Pemex) tiene en la mira y que pueden ser un filón para las empresas de energía trasnacionales, las que la reforma petrolera presentada el lunes 12 por el presidente Enrique Peña Nieto quiere favorecer.
“Las grandes firmas energéticas de Estados Unidos, encabezadas por ExxonMobil, están muy dispuestas a involucrarse en la industria petrolera mexicana, no sólo con un papel asesor, sino como socias en alianzas que les permitirían adquirir una porción de las reservas energéticas mexicanas. Estas empresas están promoviendo varios pactos norteamericanos y regionales que erosionarían el aislamiento de los activos energéticos mexicanos de la propiedad extranjera”, analiza el especialista.
Klare, autor de libros como Guerras por los recursos. El futuro escenario del conflicto global y Planeta sediento, recursos menguantes. La nueva geopolítica de la energía, argumenta que “en muchas formas, la historia del surgimiento y caída de Cantarell provee de un microcosmos del dilema de los recursos globales. Muchas de las principales fuentes del mundo de petróleo – y de carbón, gas natural, uranio, cobre y otros materiales vitales- fueron, como Cantarell, descubiertas varias décadas atrás y se están convirtiendo ahora en menos y menos productivos”.
Ante ello, el país busca nuevas formas de llegar a otros depósitos, como el crudo en aguas a profundidades superiores a los 1 mil 500 metros y el gas shale, (también llamado de esquisto o lutitas).
En el primer caso, México tiene unas reservas prospectivas de unos 30 mil millones de barriles y en el segundo, más de 500 billones de pies cúbicos de gas.
Pemex produce diariamente unos 2 millones 500 mil barriles de crudo. Entre enero y junio de este año México le vendió 148 millones de barriles de crudo a su vecino del norte, 16% menos en comparación con el mismo lapso del año anterior.
Guión preciso
La estadunidense Lisa Breglia, directora interina de los programas de Asuntos Globales e Interdisciplinarios Globales de la Universidad George Mason, ve un fuerte interés del gobierno de Estados Unidos y de las compañías energéticas en buscar nuevas fuentes y nuevos destinos para sus inversiones, para lo cual la iniciativa gubernamental de reforma en México encaja perfectamente.
“Necesitan un nuevo lugar para trabajar porque se acaban los recursos en Estados Unidos. Están buscando nuevos recursos”, señala, en entrevista telefónica con Apro,  Breglia, quien publicó este año el libro Viviendo entre petróleo. Promesas, picos y declives en la costa del Golfo de México.
Publicado por la editorial University of Texas Press, la especialista exploró las vivencias de los pobladores –en su mayoría pescadores- de la comunidad Isla Aguada, en Campeche, frente a Cantarell.
“Pensando en la geopolítica de la energía, en Estados Unidos se ha hablado mucho de la independencia energética y en la exportación de gas. México tiene que contrabalancear y confrontar esa geopolítica, que necesita una estrategia de independencia, que no puede basarse en sólo hacer alianzas extranjeras. Eso es contraproductivo, ilógico”, sostiene Breglia, doctora en antropología cultural por la Rice University y quien ha estudiado la privatización y las reformas neoliberales desde finales de los noventa.
La académica es autora del libro Ambivalencia monumental: la política de la herencia (2006).
Países como Canadá y Estados Unidos viven una revolución energética, potenciada por el aprovechamiento de recursos como las arenas bituminosas y el gas shale (Proceso No. 1919) y de la cual México ha quedado excluido. En la medida en que ambas naciones estrechen sus lazos energéticos y enfilen hacia la autosuficiencia energética, México no sólo tendrá que buscar nuevos mercados, sino también exponerse a importar petrolíferos.
Klare lo grafica muy bien: “Los gobiernos y las corporaciones gigantes han adoptado planes ambiciosos para explorar áreas, perseguir reclamos legales sobre territorios en disputa, adquirir derechos de exploración y perforación en zonas de recursos promisorios, introducir nuevas tecnologías para operaciones extractivas en ambientes extremos y peligrosos y desarrollar fuerzas militares que pueden operar en estas regiones”.
Los contratos de utilidad compartida a suscribir entre el gobierno con Pemex o privados planteados por Peña Nieto se apegan a ese menú.
“La persecución de reservas de petróleo y minerales vírgenes en locaciones remotas  y peligrosas es parte de un fenómeno mayor y más significativo: un movimiento concertado de gobiernos y empresas para obtener el control sobre lo que queda de la base de materias primas del mundo”, previene el experto estadunidense.
Para Breglia, la estrategia debe partir de la soberanía constitucional de los recursos, “de la cual Estados Unidos carece”.
“¿Cómo se puede ser independiente si no se poseen los recursos? No tiene sentido. México puede ser energéticamente independiente y no significa ser aislacionista, sino un líder en un nuevo modelo energético”, plantea la especialista.
Negociar los conflictos
La reforma energética de Peña Nieto bien puede ser una concesión de México en las negociaciones del Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP, por sus siglas en inglés), que México negocia con 11 países.
El documento Las negociaciones de la Alianza Trans-Pacífica y temas para el Congreso, difundido el 17 de junio de este año por el Servicio de Investigación Legislativa de la Cámara Baja de Estados Unidos, señala que “las negociaciones del TPP pueden proveer de una vía para abordar temas adicionales, como la reconsideración de la exclusión de México de la inversión extranjera en su industria petrolera”.
El TPP entró en vigencia en 2006 entre sus firmantes originales Chile, Brunei, Nueva Zelanda y Singapur. En 2008 se incorporaron Australia, Estados Unidos, Perú y Vietnam, así como Malasia, dos años después. En junio de 2012 fueron aceptados para negociar su adhesión Canadá y México, y en julio último se sumó Japón.
Hasta ahora se han realizado 18 rondas de tratativas, la más reciente en Kota Kinabalu (Malasia), del 15 al 24 de julio último, y en la cual se tocaron asuntos ligados a las empresas públicas (SOE, por sus siglas en inglés), derechos laborales y cuestiones ambientales. Las siguientes sesiones se escenificarán en Bandar Seri Begawan (Brunei) del 23 al 30 de agosto.
El TPP, cuyas tratativas concluirían este año, se negocia sobre 22 mesas de trabajo sobre temáticas como agricultura, propiedad intelectual, ambiente y servicios, que abarcan también las SOE y energía.
“Algunas medidas pueden incluir provisiones para buscar asegurar que las SOE operen con una base comercial, y para abordar potenciales barreras al comercio y la inversión. Aunque la escala y la naturaleza de su conducta difieren, las SOE existen en alguna forma en todos los países del TPP”, cita el texto, de 64 páginas de extensión, consultado por Apro y coordinado por Ian F. Fergusson, especialista en comercio internacional y finanzas, y en el cual participaron William H. Cooper, experto en comercio internacional y finanzas; Remy Jurenas, especialista en políticas agrícolas, y Brock R. Williams, analista en comercio internacional y finanzas.
La postura de Estados Unidos es que las SOE no reciban ventajas competitivas diferentes a las que gozan las corporaciones privadas.
Con el TPP,  Estados Unidos puede lograr que sus contrapartes sean receptoras de gas natural, tecnologías para gas shale y energías renovables e inversiones en esas divisiones.

Fuente Proceso

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