jueves, 13 de junio de 2013

Primera advertencia: linchamiento en Monterrey



Luciano Campos Garza

El hartazgo por la falta de seguridad en Monterrey movió a los vecinos de la colonia Independencia a hacerse justicia por sus propios medios y arremetieron contra tres presuntos delincuentes el pasado 31 de mayo. Uno de ellos murió, mientras que a los otros dos los lanzaron a un barranco de 12 metros de profundidad. Legisladores y activistas sociales advierten: si las autoridades no responden a los reclamos ciudadanos, existe el riesgo de que surjan grupos de autodefensa, lo que complicaría aún más el vacío de poder.
MONTERREY, N.L. (Proceso).– La noche del 31 de mayo pasado elementos de la Policía Federal llevaban a tres presuntos delincuentes esposados y
encapuchados a bordo de una patrulla. Circulaban por las calles de la colonia Independencia cuando una turba de embravecidos vecinos interceptó el vehículo, sacó a los detenidos y comenzó a golpearlos con palos, piedras, tubos.
Y aunque los uniformados hicieron algunos disparos al aire para controlar a la multitud, nada impidió que ésta moliera a golpes a los tres sujetos a los que llamaba rateros y los relacionaba con grupos de la delincuencia organizada. Uno murió, mientras los otros dos fueron arrojados a un barranco, lo que les permitió salvar la vida.
Días después otro presunto ladrón fue agredido por residentes del mismo sector regiomontano. Tuvo suerte de que elementos de Fuerza Civil observaran la escena y controlaran a los vecinos.
Para el diputado local Guadalupe Rodríguez Martínez –quien en los setenta integró las guardias rojas del Frente Popular Tierra y Libertad para la defensa de su colonia, ubicada al poniente de esta capital–, el hartazgo de la ciudadanía es resultado de la inacción de la autoridad estatal. Hoy, dice, los propios vecinos recurren a la autodefensa; algunos incluso han adquirido armas y organizan rondines en las calles de sus colonias.
Pese a linchamientos como el de la colonia Independencia, documentado incluso por la Procuraduría General de Justicia del Estado, el gobernador Rodrigo Medina de la Cruz dijo desconocer la existencia de la organización de movimientos de autodefensa ciudadana.
En esta ciudad no se recuerda ningún otro incidente como el del pasado 31 de mayo. Hasta el viernes 7 se conocían dos versiones, recogidas en las actas ministeriales relativas al caso: la de un policía federal y la de una vecina.
Según el uniformado, el día de los hechos, entre las 19:00 y las 20:00 horas, él y otros nueve elementos patrullaban por la zona en dos vehículos oficiales cuando una vecina le comunicó que en el Antiguo Camino a San Agustín sin número, en el sector surponiente, unas personas golpeaban a otra. El agente se comunicó con uno de sus superiores y acudió al lugar junto con sus compañeros.
Ahí vieron a civiles armados con piedras y palos que corrían por la calle. Al descender de las patrullas observaron a otras personas con el rostro cubierto que golpeaban a un hombre obeso. Se trataba de Ángel Servando Nava Maldonado, alias El Vando, de 33 años. El agente quiso ponerlo a salvo, pero los agresores le dijeron: “El gordo es asesino, ha matado a mucha gente”.
Y cuando les dijo que él se haría cargo de la situación y les prometió llevarlo ante las autoridades, los vecinos se enardecieron y lo acusaron de proteger al presunto delincuente; lo empujaron junto con el hombre esposado y los arrinconaron en una casa. Comenzaron a arrojarles botellas de vidrio. Los demás policías los rescataron y subieron a Ángel en una patrulla.
El policía tomó su nextel para pedir refuerzos. Los vecinos le arrebataron el aparato, según el testimonio del uniformado.
A su vez, la vecina interrogada, quien pidió mantener el anonimato, relató que alrededor de las 20:00 horas observó desde su casa a tres policías federales cuando bajaban del cerro con tres detenidos. Iban esposados y con los rostros cubiertos con capuchas. Policías y detenidos se introdujeron en un domicilio contiguo donde vive una señora llamada Brenda. La propietaria comenzó a gritar cuando los agentes le decían que les dijera dónde estaba la droga.
Poco después los policías salieron de la casa y se llevaron a los encapuchados calle arriba, hacia las patrullas. Al verlos pasar, la declarante identificó a los detenidos como Jonathan Alán, alias El Cochinillas o El Maromas; otro era El Maca o Maquilla, y uno más era El Vando.
Los tres, dijo la testigo, pertenecen a la delincuencia organizada y siempre andan armados; agregó que los tres estuvieron implicados en la muerte de algunos vecinos.
En ese momento, continúa, vio bajar 70 u 80 vecinos que venían gritando, pues también habían identificado a los detenidos; algunos le reclamaron a un policía por qué había separado al Vando de los otros dos.
Se escucharon varias detonaciones. Los colonos no se amedrentaron y acorralaron al federal y a su cautivo; arremetieron contra ellos con palos y piedras. El detenido y su custodio se refugiaron en un domicilio, según el testimonio.

Otro intento

Según la Agencia Estatal de Investigaciones, el 31 de mayo llegó una llamada a las oficinas en la que se reportaba el hallazgo del cadáver de un varón, quien murió “al parecer por golpes”, frente al número 1812 del Antiguo Camino a San Agustín. Cien metros más adelante, en un barranco, había dos personas lesionadas.
Acompañados por militares, policías ministeriales acudieron al lugar, donde encontraron el cuerpo de Ángel Servando Nava Maldonado. Lo identificaron por una credencia de elector que llevaba, según la cual era vecino de la Unidad habitacional Mártires de Cananea, en Santa Catarina.
Los elementos de Servicios Periciales encontraron manchas hemáticas en las piedras del entorno, así como en el piso y la fachada del domicilio; incluso un tubo metálico ensangrentado.
Frente al número 1160 de la misma calle fue hallado un casquillo calibre 223 y a 35 metros del cadáver del Vando había dos casquillos: uno 7.62×39 y otro 223. La dependencia no aclaró si las balas procedían de las armas de los agentes federales o de los vecinos.
Asimismo, a 100 metros de distancia, los federales encontraron los cuerpos magullados de El Cochinillas, de 21 años, domiciliado en la colonia Solidaridad, de Monterrey, y otro conocido como El Maca o La Maquilla, con heridas contusas en la región frontal y en el parietal derecho.
De acuerdo con la dependencia, los lugareños comentaron a los investigadores que los dos pertenecían a un grupo de la delincuencia organizada –no precisa a cuál– y que tenían amenazados a los residentes del sector. Señalaron que días antes habían asesinado a una persona, por lo que decidieron lincharlos.
Hasta el viernes 7, ninguna autoridad ha informado si se sigue una investigación por la muerte del Vando y por las lesiones a El Cochinillas y El Maca.
La noche del miércoles 5, en la misma colonia un grupo de autodefensa intentó linchar a Junior Aarón Salinas Gómez, un lavacoches de 22 años. De acuerdo con una fuente cercana a la investigación, un residente reportó un robo. Los lugareños se organizaron para hacer rondines en la zona y descubrieron al joven en el momento en que inhalaba tolueno en la azotea de su domicilio, en el cruce de las calles Veracruz y Oaxaca.
Algunos vecinos comenzaron a arrojarle piedras para obligarlo a descender. El joven corrió entre los techos hasta que pisó uno que estaba endeble y cayó, provocándose lesiones leves. Su concubina salió a defenderlo y refirió que era inocente.
En ese momento llegó una veintena de elementos de la policía estatal Fuerza Civil y rescató al joven y lo transportó al cuartel ubicado al sur de la ciudad, donde el juez calificador lo retuvo por alterar el orden. Sin embargo, como no hubo acusación de robo, lo dejó en libertad a la mañana siguiente.
La investigación posterior arrojó que Salinas Gómez se había enfadado con su pareja y decidió subir a la azotea para evadirse con el solvente. Horas antes del incidente, el gobernador Medina de la Cruz fue cuestionado sobre las estrategias de autodefensa vecinal en la colonia Independencia.
“Aquí en Nuevo León no tenemos detectado ningún grupo de autodefensa, lo descartamos totalmente”, respondió el mandatario.

La autodefensa, un riesgo

El diputado Guadalupe Rodríguez Martínez es cuñado de Alberto Anaya Gutiérrez, fundador del Partido del Trabajo (PT) y del movimiento Frente Popular Tierra y Libertad, que en 1970 instaló su comarca en el sector poniente de Monterrey y que, desde entonces, se mantiene como una entidad cuasi autónoma dentro de la capital.
Ahí hay rondines de patrullas de los tres niveles de gobierno, pero desde hace más de 40 años al sector se le conoce como uno de los más conflictivos de la metrópoli, sobre todo porque los lugareños han impuesto sus propias reglas de convivencia.
El diputado por el PT recuerda que a principios de los setenta se crearon las guardias rojas para hacer patrullajes en las calles de la colonia. Para detener a los delincuentes y remitirlos a la autoridad. Esa labor de autogestión terminó en 1985, cuando el sector ya estaba más o menos pacificado, asegura.
Hoy, a casi tres décadas de distancia, la reacción de los colonos de la Independencia que ejercieron justicia sumaria contra tres presuntos delincuentes hace suponer que la ciudadanía está cansada del vacío de poder en Nuevo León.
Y aun cuando al parecer el enemigo es el pillo de siempre –menos atemorizante incluso que el sicario, quien suele accionar su fusil sin importar los daños colaterales–, “existe una percepción de que es la delincuencia común la que perpetra los delitos, principalmente de tipo patrimonial”.
“Y como ya no está el crimen organizado, la gente está respondiendo (con acciones propias) y más en la colonia Independencia, un barrio bravo desde los años cuarenta, que ha sufrido un gran vacío de autoridad”, dice el legislador.
El cansancio de los colonos de este sector marginal es un reflejo de la proclividad de Monterrey de organizar grupos de choque frente al acoso de los delincuentes, añade. Incluso hay ciudadanos que han optado por obtener pistolas para responder a las agresiones, dice. Y añade:
“Si no hay guardias armadas. Yo entendería que en Monterrey hay una predisposición mucho más desarrollada a la autodefensa. Lo veo como fenómeno individual. Conozco personas que han tenido situaciones difíciles de confrontación con la delincuencia común. Con resistencia activa y ahora parece que se da como fenómeno colectivo.”
Según Rodríguez Martínez, el péndulo oscila de regreso y ahora son los anteriormente afectados quienes golpean a los delincuentes:
“Esto habla de un escalamiento de la violencia en otro nivel… No es bueno que la gente tome la ley por sus manos y se desquite. Ahora parece que el ciudadano está dispuesto a confrontar, a dar respuesta, a resistirse a ser victimizado.”
Desde su punto de vista, la acción de las bandas criminales ha sido acotada por una macronegociación que hizo con ellas el gobierno federal para acabar la guerra frontal que “insensatamente” emprendió Felipe Calderón durante su sexenio.
Lo preocupante ahora es saber que los ciudadanos comenzaron a adquirir armas: también hay una tendencia vecina cada vez mayor a formar grupos de autodefensa por sectores. Mientras no infrinjan la ley y sean coadyuvantes, la estrategia puede funcionar; lo malo es cuando los vigilantes deciden actuar por su cuenta, advierte el legislador petista.
Su colega Eduardo Arguijo Baldenegro, del PRD, estima que el linchamiento en la colonia Independencia es una evidencia del fracaso del modelo policiaco-militar de la administración de Medina de la Cruz quien, por ciento, dice, no logra contener la violencia.
“Los ciudadanos tiene todo el derecho de autodefenderse si el Estado es incapaz de ejercer esa responsabilidad. Sólo el pueblo puede defender a su pueblo. No hay que esperar respuesta pronta del modelo policiaco-militar, que está aquí desde hace muchos años y no ha dado resultados. Lo que queda es ver cuántas personas de las comunidades se pueden organizar para coadyuvar con la autoridad dentro de la ley. No queda de otra”, considera Arguijo.
Los núcleos de autodefensa que puedan surgir en Nuevo León serán diferentes a los de Michoacán, opina el perredista, porque acá en el norte se percibe más una tendencia a la actuación espontánea y no organizada, como ocurre en el sur.
Para Consuelo Morales Elizondo, presidenta de Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos (CADHAC), el ejemplo de la colonia Independencia puede cundir si el gobierno de Medina de la Cruz no asume la responsabilidad de dar protección a todos.
“Estos hechos, que antes sólo se veían en Guerrero, Oaxaca, Chiapas, ahora suceden en Nuevo León. Eso quiere decir que no hay respuestas adecuadas para la seguridad que las familias y la sociedad reclaman”, insiste.
El linchamiento del pasado 31 de mayo debe ser tomado por la autoridad como un llamado de auxilio de la población.
“No se justifica el hecho, porque todos debemos estar bajo el imperio de la ley, pero hay que trascenderlo –señala la activista–. El evento nos está diciendo que la población está tomando la ley en sus manos. Habla de desesperación por ausencia de respuesta oportuna de seguridad pública. Es un llamado urgente para que haya seguridad y se valore la creación de estos cuerpos policiacos que crecen sin control.”

Fuente Proceso

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