miércoles, 14 de agosto de 2013

"Hay miedo" en Chenalhó por el regreso de los paramilitares, alertan Las Abejas

Hermann Bellinghausen

San Cristóbal de las Casas, Chis., 13 de agosto.
En algunos lugares del municipio tzotzil de Chenalhó, como la colonia Puebla, hay miedo, las mujeres y los niños no se atreven a salir a trabajar al campo, refiere Rosendo Gómez Hernández, presidente de la mesa directiva de la organización de Las Abejas. Sostiene que la liberación de los paramilitares condenados por la masacre de Acteal, algunos de los cuales han regresado a sus comunidades de manera subrepticia, propicia la reactivación de los grupos oficialistas que en 1997 desgarraron esa región de Los Altos.
Lo que pasa es que Acteal quedó impune, y no estamos de acuerdo. El gobierno mexicano no tiene autoridad para nosotros. Haría algo a favor de la justicia si fuera un verdadero gobierno, añade. Hace cuatro años se inició la excarcelación de prácticamente todos los presos, dos de ellos (Roberto Méndez Gutiérrez y Lorenzo Pérez Vázquez) confesos de haber participado en el ataque al campamento de Acteal el 22 de diciembre de 1997, y todos partícipes de la violencia desatada desde mayo de aquel año contra bases de apoyo zapatistas y abejas en numerosas comunidades.

No permitiremos otra masacre. Hay momentos que nos sentimos que estamos muertos, prosigue. “En Puebla sufren todos los católicos: unos son priístas, otros abejas, otros zapatistas”.
El grupo presbiteriano encabezado por el pastor Agustín Cruz ha propalado rumores y falsas acusaciones, como haber envenenado a un centenar de personas, semanas atrás, algo que nunca se comprobó, pero provocó una golpiza contra tres pobladores católicos de Puebla, dos de ellos zapatistas, y su encarcelamiento en San Cristóbal, antes de salir libres por falta de pruebas.
Las Abejas coinciden en que en los alrededores de Acteal se han escuchado disparos recientemente.
Otro miembro de la organización relata: “En Puebla, desde que tiraron la ermita que se estaba construyendo, no permiten el paso de visitantes ni observadores. Amenazan a los choferes. Apedrean los carros. Dicen que si se acerca alguno, lo sacarán ‘a chicote’ (bala). Si la Corte no hubiera liberado a los paramilitares, eso no estaría ocurriendo. Se sienten fuertes del lado del gobierno, y de que tienen ‘su ejército’”.
Están participando al menos cinco paramilitares directamente, añade. En Quextic está avecindado uno que fue jefe, Méndez Gutiérrez. Y en Puebla los católicos no tienen armas; los presbiterianos sí, y las muestran.
Otro indígena, de nombre Mariano, dice: Lo del templo es un pretexto para agredir. Hoy con marros, mañana ¿con armas? Difunden rumores, falsedades, amenazas. Los jóvenes son los más agresivos. Recuerda que hay nuevos desplazados por ser apedreados, amenazados, burlados; entran a las casas, ponen guardia para que nadie salga. Y apunta: Muy parecido a 1997.
En tanto, el grupo presbiteriano, mayoritario en el ejido Puebla, acusa de la violencia a católicos, abejas y zapatistas, aunque sean éstos los únicos que han puesto los torturados, los perseguidos y los amenazados. Respaldan al grupo agresor las autoridades ejidales (ellos mismos), así como varios paramilitares liberados.
 
 Fuente La Jornada

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