viernes, 13 de septiembre de 2013

Escándalo Tres Marías: “Sólo obedecimos”, la versión de los agentes detenidos



Patricia Dávila

En agosto del año pasado en Huitzilac, Morelos, cuatro vehículos manejados por policías federales persiguieron y tirotearon una camioneta de la embajada de Estados Unidos en la cual viajaban dos diplomáticos de ese país y un marino mexicano. Un gran escándalo en lo que se dio en llamar el caso Tres Marías. Los 14 agentes de la PF implicados –a quienes incluso se acusó de tener nexos con el crimen organizado– llevan ya un año en prisión y ahora dan a Proceso su versión de los hechos. En síntesis, sostienen que su proceder en ese episodio se ajustó a órdenes superiores.
MÉXICO, D.F. (Proceso).- “¡Sabemos que están relacionados con los Beltrán Leyva. Hablen, porque se los va a cargar la chingada. Pongan a quien tengan que poner!”, les ordenaron los agentes del FBI y Victoria Pacheco Jiménez, entonces subprocuradora de Control Regional, Procedimientos Penales y Amparo de la PGR.

La amenaza era –dice a Proceso el abogado Víctor Manuel Barrera Alcántara– para Ivonne Moreno Romero y José Ortega Ortega, dos de los 14 policías federales acusados de participar en una “emboscada” contra dos diplomáticos estadunidenses y un capitán de la Marina mexicana, quienes viajaban a bordo de una camioneta Toyota negra blindada el 24 de agosto de 2012 en las inmediaciones de Fierro del Toro, en Huitzilac, Morelos.
Por primera vez los policías federales dan a conocer su versión del evento que a un año de ocurrido los mantiene en penales de máxima seguridad de Jalisco, Nayarit y Chihuahua.
En su declaración Ortega narró: “Los agentes del FBI platicaban en inglés, decían que había que intimidarnos. Hablaban de convertirnos en testigos protegidos y extraditarnos a Estados Unidos. ‘Entiendo lo que hablan’, les dije. Sorprendidos, se justificaron: ‘¡Hablas inglés! A ver, ¿cómo se dice broma en español? porque lo que estás escuchando es eso, un chascarrillo’”.
Ortega se negó a declarar porque no lo asistía un abogado. “Si te pones pendejo vas a valer madre. ¡Ya fírmale!”, le dijeron. “Escuché que decían: ‘¡Pégale, pégale las de la pinche vieja!’ Se referían a que pusieran como mía parte de la declaración de Ivonne Moreno. Intimidado, firmé”, señaló Ortega.
“¡Te dije que me iba a encargar de refundirlos. Van a pasar más de cien años en la cárcel, hija de..!”, amenazaba por otra parte Pacheco a Moreno mientras los agentes del FBI la apremiaban para que aceptara ser testigo protegido: “Si confiesas nos llevamos (a Estados Unidos) a tu hija y a tu familia. Acepta. ¿Qué va a decir tu hija? ¿Que eres una delincuente?”
El 28 de septiembre de 2012 Moreno y Ortega fueron detenidos por Asuntos Internos de la Policía Federal (PF). Los llevaron a las instalaciones del Centro de Mando de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) en Iztapalapa, donde estuvieron 24 horas durante las cuales “ilegalmente” los obligaron a declarar ante diferentes mandos. Al día siguiente los pusieron a disposición del Ministerio Público (MP), el cual permitió que en el interrogatorio estuvieran presentes agentes del FBI y empleados de la embajada de Estados Unidos.
Barrera Alcántara, abogado de Moreno y Ortega, explica a este semanario que el 24 de agosto del año pasado fueron aprehendidos 12 de los policías federales participantes en los hechos de Paso del Toro y Tres Marías. El 28 de septiembre siguiente detuvieron a sus clientes –los únicos que no dispararon ese día– y el 15 de noviembre a tres mandos (Juan Manuel Pacheco Salgado, Pedro Hernández Hernández y José Rigoberto Peña Cárdenas) que no estuvieron en Tres Marías pero a quienes la PGR consideró “implicados” y ahora están en prisión.

La persecución

Según las declaraciones de los policías detenidos –contenidas en el expediente que forman las averiguaciones previas AP/PGR/MOR/CV/611/2012 (que se abrió en Morelos) y AP/PGR/DGCAP/ZCB/-IV/174A/2012 (de la PGR) y al cual este semanario tuvo acceso–, la mañana del 24 de agosto de 2012 el subinspector de la PF Uriel Garrido Franco les ordenó continuar la búsqueda –interrumpida la noche anterior– de los secuestradores de Salvador Vidal Flores Pérez, funcionario del Instituto Nacional de Antropología e Historia retenido el día previo en la zona de Huitzilac.
En la carretera México-Cuernavaca, después de cargar combustible en la gasolinera La Covadonga, vieron una camioneta Toyota negra y un automóvil rojo –en vehículos similares viajaban los secuestradores de Flores Pérez– internarse por el camino a Fierro del Toro y decidieron seguirlos.
Barrera muestra a Proceso el parte informativo 042/12, enviado al entonces comisario general de la SSP, Luis Cárdenas Palomino, fechado el 23 de agosto. En ese parte se explicaba que tras ser liberado, a las 13:15 horas, Flores Pérez pidió auxilio a la PF.
Se informó a “la Unidad Operativa de Seguridad Preventiva, Estación Tlalpan” de la PF para “implementar un operativo conjunto” con los policías federales destacados en Morelos, “lo cual le fue comunicado vía telefónica a Ramiro Alanís, oficial de guardia de la Estación de Cuernavaca”. El parte está firmado por el subinspector Jorge Vargas Camacho y el suboficial Francisco Humberto Segovia Domínguez.
Barrera muestra a Proceso la tarjeta informativa 1288/12, también del 23 de agosto, en la cual Garrido Franco le comunica al inspector general Juan Manuel Pacheco Salgado que en relación con el parte informativo 042/12, se continuó el operativo de búsqueda de los delincuentes en coordinación con el comisario Sergio Licona Gómez, coordinador estatal de Morelos y 40 “elementos de Fuerzas Federales”. Ese operativo se suspendió a las 23:00 horas y se reanudaría a las 6 de la mañana del 24 de agosto.
En este punto el abogado explica que a los 14 policías y tres mandos se les dictó auto de formal prisión por “coparticipación delictiva empresarial”; es decir: el Ministerio Público da por hecho que todos ellos se pusieron de acuerdo para atacar a los funcionarios de la embajada, cuando en realidad la participación de cada uno de los agentes fue “fragmentada” y “fortuita”.
En su declaración el policía federal Raúl Sánchez Fonseca dice que el 24 de agosto de 2012 se presentó a trabajar uniformado a las 6 de la mañana para reiniciar el operativo, pero él y sus compañeros recibieron la instrucción de Garrido de vestirse de civiles –aunque conservando el chaleco y la chamarra de la PF– y usar autos particulares.
Los automóviles en los que se desplazaban los policías federales fueron una camioneta Voyager verde, un Altima gris, una camioneta Xterra amarilla y un Chevy azul.

La Voyager

“Me fui en la Voyager verde, conducida por su propietario, el suboficial Gerardo Ramírez Garduño. Yo era el copiloto; en la parte posterior iban la oficial Ivonne Moreno y el subinspector Uriel Garrido. Eran como las 7:40 horas. Tomamos la autopista hasta llegar a Tres Marías y circulamos hasta la gasolinera (…) Garrido decidió entrar al camino Fierro del Toro, lugar en donde retuvieron al secuestrado”, se asienta en la declaración de Sánchez Fonseca.
Unos 700 metros más adelante en el camino a Fierro del Toro, los rebasó una camioneta negra seguida de un automóvil rojo. Al verlos Garrido señaló la camioneta como sospechosa. La siguieron a distancia, la perdieron de vista y volvieron a verla cuando el camino comienza a subir rumbo al cerro El Capulín. El portaplacas impedía ver que llevaba distintivos diplomáticos.
“Los alcanzamos después del poblado Fierro del Toro. Bajamos de la unidad y Ramírez Garduño grita ‘¡Policía Federal!’, al tiempo que intento sacar mi identificación y el subinspector corre hacia ellos. La camioneta negra realiza una maniobra rápida, circula de reversa y huye. Corro sobre el camino y escucho detonaciones. Disparo al aire. La negra se nos perdió. Por el Nextel pido apoyo a Carlos Sánchez Durán (quien iba en el Chevy) y a Emir Suárez García (en la Xterra). ‘¡Paren la camioneta negra. Hubo un enfrentamiento!’, dije.
“Regreso a la Voyager. Al volante estaba la suboficial Moreno y a su lado el subinspector Uriel Garrido. Llega corriendo Ramírez Garduño, dice que la camioneta negra se metió a un sembradío y cruzó para salir al camino. Intentamos avanzar pero nos detuvimos para que el subinspector Garrido encontrara un celular que acababa de perder. En eso veo que no traigo mi arma corta y nuevamente tienen que esperar a que la encuentre.
“El jefe Garrido pidió apoyo a los de Morelos. Al reiniciar la marcha para salir a la carretera federal, como 1.5 kilómetros antes de llegar, vemos el Altima gris que traían Ángel Mauricio Sotelo Martínez, Rafael Rivera Córdoba y Héctor Francisco Martínez Leyva. Estaba chocado, Sotelo se queja: ‘Me aventó la pinche camioneta negra’, por lo que lo suben a la Voyager y tomamos rumbo a la carretera federal para ir hacia Tres Marías.
“Alcanzamos a la camioneta negra en el kilómetro 50 + 800 (Tres Marías). Estaba estacionada. Atrás de ella, a 60 metros de distancia estaba el Chevy azul y como a 30 metros atrás de éste, la amarilla. Quedamos a 20 metros de esta última. Bajamos de la unidad, hice disparos al aire para protegerme y resguardarme atrás de la Voyager. En ese momento llegan elementos de las fuerzas federales de Morelos y algunos suben a un cerrito. Escucho detonaciones”, sigue la declaración de Sánchez Fonseca.

El Altima gris

Ángel Mauricio Sotelo Martínez, quien viajaba en el Altima, asienta en su declaración: “Martínez Leyva recibe una llamada a su Nextel del inspector Sánchez Durán, quien pide apoyo para que se detenga una camioneta negra porque tuvo un enfrentamiento con compañeros. Andábamos cerca del camino Fierro del Toro, por lo que vamos en su ayuda. Al circular un kilómetro, vemos venir la camioneta negra. Mi compañero frena”.
Continúa: “Bajo de inmediato y con la mano le marco el alto a la camioneta negra y grito ‘¡Policía Federal!’, pero no me hacen caso, viene a alta velocidad y corro a cubrirme atrás del Altima. La camioneta negra llega, se impacta con el Altima y salgo proyectado”.
La camioneta siguió su marcha: “Me levanto aturdido del golpe cuando veo que llega la Xterra, al ver que estamos más o menos bien se van siguiendo a la camioneta. Escucho disparos mientras trato de restablecerme. No sé cuánto tiempo pasó, pero llega la Voyager que conducía Ivonne Moreno y subo”.

La Xterra amarilla

Ranulfo Ruelas López –quien viajaba a un lado de Tomás Romanillo Armenta en los asientos traseros de la Xterra amarilla, tripulada por José Ortega Ortega y con Emir Suárez García como copiloto– declaró que al llegar a Fierro del Toro vieron varios caminos y no supieron cuál tomar. Suárez le pidió al conductor dar la vuelta, cuando de súbito la camioneta negra salió de uno de esos caminos, a toda velocidad y con una llanta ponchada.
“En eso Emir recibe una alerta, al parecer de Sánchez Fonseca, quien dice: ‘¡Paren la camioneta negra!’, por lo que dieron la vuelta, pero la pierden de vista. Aproximadamente a 1.5 kilómetros de regreso a la carretera federal veo que el Altima está chocado, las bolsas de aire explotadas y humo saliendo del cofre. Se estaba levantando del suelo el oficial Sotelo Martínez. Hacemos alto y les preguntamos si estaban bien. Sotelo Martínez dijo: ‘Me aventó el hijo de la chingada’. Vemos que está bien y seguimos para la carretera”.
Ruelas escuchó detonaciones y cuenta: “Veo al Chevy parado y a sus tripulantes Jorge Alberto Vargas Camacho y a Segovia tratando de arrancarlo. El inspector Sánchez Durán corre hacia la carretera federal y señala hacia donde se fue la camioneta negra. Avanzamos hacia el Distrito Federal. Veo que la camioneta negra entra a la gasolinera y da vueltas dentro. Emir dice a nuestro conductor que tenga cuidado porque nos va a embestir. Descendemos de la unidad y le marco el alto. Nos esquiva. Disparo a las llantas, pero no se para. El Chevy estaba sobre la carretera, la negra pasa junto y lo golpea”.
Al ver esto abordaron nuevamente la Xterra. “Tomamos distancia ya que no sabíamos quiénes eran, si traían armas o por qué no se detenían. El Chevy nos rebasa y se coloca detrás de la negra hasta que ésta hace un alto total en el kilómetro 50 + 800, lugar en donde desciendo de la unidad y realizo algunos disparos para resguardarme”, declaró Ruelas.

El Chevy azul

Jorge Alberto Vargas Camacho, quien iba con el inspector Sánchez Durán y Humberto Segovia Domínguez en el Chevy azul, en su declaración dijo que al encontrarse en el kilómetro 43, Sánchez Durán recibió una llamada de Sánchez Fonseca, quien viajaba en la Voyager.
“Indican que les disparan en la brecha Fierro del Toro, por lo que nos dirigimos para allá. Al avanzar unos 300 metros vi una camioneta negra que salía a toda velocidad. El conductor enderezó su rumbo, pero a su pasó rayó y golpeó el espejo del lado izquierdo del Chevy y continuó su trayecto hacia la carretera, por lo que descendí de la unidad y disparé al aire para disuadir a los ocupantes de la (camioneta) negra; en eso sale la Xterra y le hago señas para indicarle el rumbo a tomar.
“Nos reincorporamos a la carretera, rebasamos a la Xterra ubicándonos detrás de la camioneta negra hasta que detiene. Bajamos del Chevy. Vargas Camacho realiza algunos disparos. Otros hacen lo mismo al tiempo de que se parapetan en un cerro o detrás de sus vehículos. Después llega la Xterra, al final la Voyager”. El Altima se quedó en Fierro del Toro.
Una vez terminado el enfrentamiento y cuando los policías supieron a quiénes habían atacado, Garrido Franco envió a Vargas Camacho a elaborar una ficha informativa. Pero en la oficina de Tlalpan recibió una contraorden.
Contó: “Nos concentraron. Ordenaron que nos pusiéramos el uniforme y tomáramos las patrullas que teníamos asignadas porque llegarían altos mandos. El compañero Ranulfo Ruelas le preguntó a Garrido si nos apoyarían. Dijo que desde luego, pues estábamos laborando. Luego nos pidieron que nos presentáramos a la PF en Morelos. Ahí nos subieron a una sala de juntas y elementos del Jurídico de la PF nos dieron línea para rendir nuestra declaración. Nos ordenaron que dijéramos que íbamos uniformados y en vehículos oficiales y nos trasladaron a las oficinas de la PGR en Morelos”.

La Toyota negra

La otra versión de la historia es la de los atacados. En su declaración el funcionario de la embajada de Estados Unidos Jess Hobbs (identificado como “embajada 1”) señaló que ese 24 de agosto salió junto con su compañero Stan Dave Boss (“embajada 2”) y Fabián Molina Llera, capitán de la Armada de México, hacia unas instalaciones de la Marina en el Cerro del Capulín. Los tres, en sus declaraciones, coinciden en lo sustancial con los policías presos.
Pero hay algunas divergencias. Hobbs señaló: “Cuando intentábamos evadir a la camioneta verde para cruzar el campo de trigo, nuestro vehículo golpea contra la orilla de la banqueta del camino y se revienta el neumático posterior derecho”.
Dijo que cuando la camioneta se impactó y no pudieron moverla, vio a cuatro personas disparando del lado del piloto de la Toyota y tres del lado del copiloto. “Uno de ellos con un fusil AK-47 camina para el lado del conductor Stan Dave, coloca su arma contra el vidrio y comienza a disparar. Luego se va del lado del copiloto, en donde yo me encontraba, y hace lo mismo. Una de las balas penetra a la altura del descansabrazos y entra a mi antebrazo. Segundos después recibo otro impacto por la cadera y sale por el glúteo derecho. En minutos estoy sangrando.
“Trato de pasar a la parte de atrás de la camioneta para alcanzar el botiquín y hacerme torniquetes. El piloto Stan volteaba hacía mí, cuando una bala le roza la cara del lado derecho y le corta la mitad de la oreja. El proyectil penetra las gafas de sol, las cuales por la inercia del impacto se encarnan en su mejilla. En ese momento Stan se recuesta sobre el volante, dice que se va a hacer el muerto para que dejaran de atacarnos”, señaló.
Entonces cesaron los disparos: “Llegan patrullas de Seguridad Pública, bajan agentes, uno se dirige al sujeto del AK-47 para que dejara de dispararnos… En ese momento decido abrir la puerta y enseñando una credencial le digo: ‘Soy diplomático, ¿por qué nos disparan?’ Dijo que nos habíamos pasado un punto de control de la policía”, concluye.

Las irregularidades

El abogado Barrera dice: “Hay fallas en el proceso: En seis meses no dieron acceso al expediente. Ivonne Moreno está presa cuando no realizó ningún disparo y a Ortega Ortega, a pesar de que iba desarmado, el MP lo acusa de disparar un arma que en realidad detonó Martínez Leyva, como él confiesa”.
Luego de enfatizar la irregularidad de permitir a agentes del FBI interrogar a los detenidos, agrega: “El expediente consta de 34 tomos, 34 mil fojas y en ninguna de ellas la PGR acredita la calidad migratoria de los agentes norteamericanos. No sabemos qué hacían realmente en México. Además, existe un protocolo que deben manejar cuando se desplacen por el territorio mexicano en el que establecen la ruta que van a seguir, pero no hubo ese protocolo, no existe en el expediente”.
Molesto dice: “Hay información que construimos con base en indicios y evidencias. Contratamos a un grupo de peritos colombianos que trabajan en una reconstrucción virtual de los hechos para establecer los segmentos de participación de cada uno de los vehículos y de cada uno de sus tripulantes. El problema es que requieren realizar estudios de criminalística y balística pero la camioneta Toyota negra blindada en la que viajaban los empleados de la embajada y el marino la llevaron a Miami a desmantelar y se desconoce el paradero de la Xterra, la Voyager y el Altima”.
Afirma también que el gobierno oculta un hecho: los policías obedecieron una orden superior de la cual Cárdenas Palomino estaba enterado.

Fuente Proceso

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