sábado, 20 de julio de 2013

Coaliciones: partidos venden su alma al diablo



Jesús Cantú

Para la elección del 7 de julio, lo que elegantemente se ha llamado “pragmatismo” de los partidos políticos nacionales y estatales desembocó en una orgía de coaliciones sin congruencia ideológica ni programática. Sin preguntarse ni el nombre, las dirigencias concertaron alianzas con sus adversarios históricos, con los nuevos protagonistas y hasta con sus aliados de siempre, ya sea por separado o revueltos en un coctel que impidió a los votantes razonar su voto.

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Una de las funciones básicas de los partidos políticos es servir de marco de referencia al elector medio, que relaciona los principios rectores y las principales propuestas de los candidatos en función del partido que los postula; pero la promiscuidad de los dirigentes partidistas y los candidatos a puestos de elección popular –que hacen coalición con cualquier fuerza política que les permita al menos vislumbrar una posibilidad de triunfo o de no desbarrancarse en alguna entidad, municipio o distrito– acaba con dicha lógica, pues termina por desfigurar cualquier marco de referencia.
Las coaliciones se entienden cuando unen fuerzas institutos políticos con agendas similares o principios fundamentales en común; o bien, cuando fuerzas con principios totalmente diferentes se alían para alcanzar objetivos de largo aliento, como puede ser el derrotar a un partido de Estado con más de ocho décadas en el poder, como todavía sucede en algunas entidades de la república.
Pero en las más recientes elecciones estatales en México el único criterio que prevaleció fue la obtención del poder por el poder mismo; el medio se convirtió en un fin y a los partidos no les importó vender su alma al diablo. Hay siete de ellos con registro nacional, por lo cual, en el caso extremo, se podrían coaligar con seis partidos políticos en distintos procesos electorales; sin embargo, la lógica indicaba que cada uno se agruparían con los más cercanos a su ideología y postulados.
La realidad fue distinta. El pasado 7 de julio, tres partidos políticos (PRD, PT y Panal) se coaligaron con cinco partidos políticos nacionales diferentes. Y la decisión táctica del Movimiento Ciudadano de no hacer ninguna alianza (salvo con el Partido Socialdemócrata de Coahuila, en un municipio de ese estado) lo salvó de unirse con los otros seis partidos, con lo cual hubiese incurrido en el caso extremo.
Esos tres no fueron los únicos que abusaron de ese recurso. El PRI y el PVEM se aliaron con cuatro partidos, es decir, a ellos únicamente les faltó el Movimiento Ciudadano y el PAN, que desde el punto de vista electoral (no programático ni legislativo) es su principal opositor, particularmente desde que el PVEM se sintió traicionado tras la Alianza por el Cambio de 2000, cuando promovió con los panistas la candidatura de Vicente Fox.
(Fragmento del reportaje que se publica esta semana en Proceso 1916, ya en circulación)

Fuente Proceso

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