lunes, 19 de agosto de 2013

La apuesta de Peña Nieto



Jesús Cantú

MÉXICO, D.F. (Proceso).- En diferentes escenarios y con un mes de diferencia, el presidente Enrique Peña Nieto y el líder nacional del PAN, Gustavo Madero, presentaron los principales ejes de una coincidente reforma energética que implica la apertura a la inversión privada, nacional y extranjera, en áreas hasta hoy reservadas exclusivamente al Estado mexicano, lo cual significa simple y llanamente privatizar el sector petrolero, aunque sea sólo parcialmente.

El 17 de junio Peña Nieto anunció desde Londres al Financial Times y el semanario Bloomberg su propuesta para terminar con el monopolio estatal sobre la exploración y producción del petróleo y el gas, para abrir a compañías privadas, mexicanas y extranjeras, la extracción de crudo en aguas profundas y el gas shale, entre otros campos. Peña Nieto fue puntual: “Es obvio que Pemex no tiene la capacidad financiera para estar presente en cada uno de los frentes de la generación de energía… Shale es una de las áreas en las que existe espacio para las compañías privadas, pero no es el único”.
Al Financial Times le precisó: “Hay diferentes opciones sobre lo que debe ser la reforma, pero tengo confianza… que será transformacional”. Y agregó –según el diario– que la reforma incluirá “los cambios constitucionales necesarios para dar certeza a los inversionistas privados”.
En la sede nacional del PAN, el 18 de julio Madero –acompañado de los líderes parlamentarios de su partido– presentó una iniciativa para modificar los artículos 25, 27 y 28 de la Constitución con el fin de que el capital privado, nacional y extranjero, participe en la industria petrolera. Madero fue más puntual que Peña Nieto y aclaró que se pretende que la paraestatal compita con empresas privadas y asociaciones público-privadas en la exploración, producción, transportación, refinación y petroquímica mediante esquemas de concesión. Incluso el flamante coordinador de los senadores blanquiazules, Jorge Luis Preciado, manifestó que se rompería el monopolio de Pemex y habría diferentes expendedores de gasolina.
Aunque Peña Nieto se limitó al enunciado general, es obvio que la orientación de las reformas es exactamente la misma: abrir o liberalizar, como ellos llaman, el sector petrolero para permitir la inversión privada, lo cual de acuerdo con sus expectativas (por cierto, coincidentes con los de organismos de la iniciativa privada) permitiría revertir la caída de nueve años en la producción petrolera, incrementar la inversión extranjera en 30 mil millones anuales, aumentar el crecimiento del PIB en aproximadamente 1.5% adicional por año y añadir unos 100 mil empleos a la generación anual…
Fragmento del análisis que se publica en la edición 1920 de la revista Proceso, actualmente en circulación.

Fuente Proceso

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