lunes, 5 de agosto de 2013

Pacté mi libertad con Sabines: Salazar Mendiguchía



MÉXICO, D.F. (apro).- Absuelto hace 10 meses de los delitos de peculado, ejercicio indebido del servicio público, abuso de funciones públicas y de autoridad y asociación delictuosa, entre otros, el exgobernador chiapaneco Pablo Salazar Mendiguchía reveló que su liberación se cristalizó tras concretar un “acuerdo político” con su sucesor, Juan Sabines.
En una amplia conversación con la periodista Carmen Aristegui en MVS Noticias, el exmandatario afirmó que luego de ganar en los tribunales todos los procesos penales que se emprendieron en su contra y en contra de 50 personas más durante la administración de Sabines, éste le propuso llegar a un acuerdo que hizo posible su liberación.

“Mi sucesor lo único que me pidió a cambio de este acuerdo es que yo no fuera a proceder judicialmente en su contra”, dijo.
El exmandatario chiapaneco comentó también que hubo dos mediadores en la negociación entre él y Sabines, uno primo de su sucesor y el otro “un amigo entrañable” cuyos nombres no quiso dar a conocer pero que, aseguró, no tienen relación alguna con la política.
Sin embargo, refirió que, a propuesta del propio Sabines, algunas figuras públicas fueron propuestas o fungieron como testigos del acuerdo en el que Salazar se comprometió a no demandar a su sucesor.
Luego de desechar al exjuez español Baltazar Garzón, amigo de Salazar Mendiguchía, y al periodista Antonio Navalón, ambos acordaron que fuera el entonces presidente nacional del PRI y actual secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell.
Según Salazar Mendiguchía, su amigo, que no sabe mucho de política, le dijo que llevaba un mensaje del entonces gobernador Sabines en el sentido de que recuperaría su libertad si asumía la responsabilidad de al menos un delito que le imputaban, que recibiría una sentencia corta y que hasta le iban a pagar la fianza.
A través del mismo emisario, el exmandatario le hizo llegar a Sabines una tarjeta en la que le decía:
“Esta no es una propuesta de negociación es más bien una propuesta de rendición, inaceptable bajo cualquier condición. Le reitero estoy dispuesto a permanecer aquí el tiempo que sea necesario y saldré con la frente en alto y libre y no con este tipo de negociaciones”.
Salazar Mendiguchía refiere que días después su sucesor le pidió que el mismo fijara entonces las condiciones para su liberación. En la entrevista con Aristegui, el propio exmandatario comentó que su respuesta fue que no había las condiciones, pero que daría las precondiciones para generarlas.
La primera, dijo, era liberar a todos sus compañeros que, al igual que él, estaban “injustamente presos”; la segunda, que cancelara todas las órdenes de aprehensión en contra de más de 50 compañeros que estaban prófugos y lejos de sus familias desde hacía más de un año, y la tercera, que liberaran las propiedades que “injustamente” habían asegurado.
Y así fue: los colaboradores de Salazar empezaron a salir de la cárcel pero con la condición de que firmaran un documento en el que se comprometían a no demandarlo ante algún tribunal nacional o internacional.
Salazar lo consultó con sus abogados y, según él, éstos le dieron luz verde. “Me dijeron que eso más que una responsabilidad para nosotros prácticamente era una confesión de mi sucesor, es decir, que no tiene ninguna trascendencia jurídica y por eso recomendaron que se firmaran los documentos comprometiéndose en que no iban a demandar a Sabines”.
No conforme con ello, Sabines pidió a Salazar a través de su hijo Pablo, que quería que le prometiera frente a frente que no lo demandaría, que también se lo firmara por escrito y que hubiera testigos de ello.
Fue así que, según Salazar Mendiguchía, Juan Sabines pidió la intervención de Baltazar Garzón y de Antonio Navalón, pero la propuesta la desechó el propio Sabines.
Luego se empezaron a barajar distintos nombres de posibles testigos del acuerdo político hasta que llegaron a Coldwell, abundó Salazar.
“Mi hijo decide irlo a buscar, lo acompaña mi amigo, socio de despacho, Fernando Ortiz Arana”, quien, dijo le hizo preguntas “muy razonables”.
“Él preguntó: ¿A cuenta de qué el presidente del partido –que acaba de ganar el poder va a ir a meterse a un estado en donde ninguno de los dos gobernadores es priista y cuando está a unos días de convertirse en secretario de estado– tendría que ir a exponerse?”
Según el exgobernador, al final, en “un acto generosísismo” el ahora secretario de Energía, dijo: “‘si de esto depende que se acelere la salida de Pablo voy, Pablo es mi amigo’.
“Esto de mirar a Sabines a los ojos se dio frente a Pedro Joaquín. Las condiciones que se habían pactado con mi hijo para esta reunión era una reunión discreta en la que estaría el gobernador Sabines, pedro Joaquín, su hijo, los dos particulares y él, en la casa de gobierno” de Chiapas.
Pero en la reunión, dijo, incumpliendo a su palabra, Sabines llegó con unas 12 o 15 personas ante las que Coldwell no se inmutó.
“Pedro Joaquín fue muy correcto (…) Como un profesional de la política, Pedro Joaquín dijo que no iba en calidad de formar parte de una negociación sino como un testigo de hechos consumados: de que iba a presenciar que le dijera que no iba a demandar a Sabines”, dijo.
Salazar aseguró que cumplirá su palabra de no demandar a su sucesor pero, dijo, Sabines afectó a mucha gente y además de él y sus 50 colaboradores que firmaron el acuerdo. En Chiapas, dijo, hay cuatro millones de agraviados.
El exmandatario chiapaneco fue cuestionado en relación a las declaraciones del exgobernador de Oaxaca, José Murat, quien a principios de julio, también en entrevista con Noticias MVS aseguró que estaba involucrado en su liberación.
A ello Salazar respondió que quizá el exgobernador de Oaxaca hizo gestiones por su parte, gracias a la relación que tiene con Ortiz Arana y con Sabines, pero aseguró que nada tuvo que ver con el tema.
Salazar Mendiguchía, gobernó Chiapas entre 2000 y 2006, fue capturado el 7 de junio de 2011, en cumplimiento de una orden del juez Tercero Penal –proceso penal(96/2011)– por los presuntos delitos de peculado, ejercicio indebido del servicio público, abuso de funciones públicas, abuso de autoridad y asociación delictuosa.
Salazar y 54 excolaboradores fueron acusados de malversar 104 millones de pesos de un seguro de vida contra riesgos que habían contratado estando en funciones.
Ya durante su estancia en prisión, el exmandatario acumuló 11 procesos penales más por diversos presuntos delitos: desvío de recursos tras la tragedia de Stan en la costa de Chiapas; la muerte de bebés en Comitán, y abuso de autoridad en contra del exfuncionario Florencio Madariaga Granados, quien fue traído de España y recluido en la entidad durante el gobierno de Salazar.
Actualmente, Madariaga Granados es presidente del Consejo Estatal de Derechos Humanos (CEDH).
Desde la cárcel, Salazar Mendiguchía se defendió de las imputaciones en su contra ante la justicia federal y logró zafarse de algunos procesos mediante la vía del amparo. Luego de 15 meses en el penal del El Amate, enfermo, el 28 de septiembre último la PGJ decidió, en un gesto humanitario, otorgarle la reclusión domiciliaria.
En aquella ocasión se dijo que un juez le otorgó la gracia penal “para ser atendido de un añejo padecimiento de hernia hiatal, cuyos síntomas presentaron un aumento y progresión en los últimos meses, y para el cual no podía recibir la atención médica adecuada dentro del penal”.
El 19 de octubre pasado, ya en “reclusión domiciliaria”, Salazar ganó el proceso penal que lo llevó a prisión por los 104 millones de pesos que supuestamente había desviado.

Fuente Proceso

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