domingo, 1 de septiembre de 2013

Derrumbe de expectativas



Jesús Cantú

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Los primeros nueve meses de gobierno de Enrique Peña Nieto sólo generaron buenas expectativas, las cuales poco a poco se desvanecen en la realidad. La economía se derrumbó; la inseguridad persiste en las calles, aunque haya desaparecido de la mayoría de los medios de comunicación masiva, y el Pacto por México, la principal apuesta política del sexenio, se tambalea.

En el ámbito económico la expectativa de las reformas estructurales, tan cacareadas en México y el extranjero, generó el llamado Memo (Mexican Momentum) antes de tiempo y puede traducirse en un gran tropiezo para el actual gobierno, pues las resistencias internas al proceso legislativo y las contundentes cifras macroeconómicas prácticamente lo cancelaron. Y aunque algunos analistas piensan que puede haber una segunda oportunidad, cuando finalmente logren pasar las reformas legislativas será mucho más difícil convencer a la comunidad empresarial internacional de que esa vez sí se concretarán y no será una segunda llamarada de petate.
Las noticias económicas y financieras de las últimas dos semanas hacen incluso dudar de que se pueda cumplir con la última meta de crecimiento del PIB de 1.8%, casi la mitad de 3.5% que había planteado la Secretaría de Hacienda en diciembre último. Asimismo, son un nuevo obstáculo para la llamada reforma hacendaria, que inevitablemente contempla el incremento de tasas impositivas, por la vía de aumento de tasas y/o de concluir los regímenes fiscales especiales, lo cual por supuesto no es la mejor opción en momentos de recesión.
El primer balde de agua fría fue la caída de 0.74% del PIB en el segundo trimestre del año, y el problema es que de las explicaciones de la misma únicamente una parece estar bajo el control del gobierno: la disminución de 6.7% en términos reales de la inversión en obra del gobierno federal. El resto: la crisis de los desarrolladores inmobiliarios, y la caída de las remesas de los mexicanos residentes en Estados Unidos a sus familias a niveles de 2009.
Eso vino acompañado de otras noticias, muy lógicas por el desarrollo general de la economía, pero igualmente negativas: el descenso constante de la producción industrial en los últimos cuatro trimestres, es decir, un año, producto de la debilidad del mercado interno y de la ausencia de demanda en el exterior; el decrecimiento del PIB de servicios; el descenso de la generación de empleos, 200 mil menos de los generados en el primer semestre del año pasado, agudizado porque en los últimos tres meses se registraron menos de 10 mil empleos mensuales; y la disminución en el ritmo de crecimiento de las exportaciones, que apenas lograron 1.4% en los primeros siete meses de 2013, lo que aunado al incremento en las importaciones provocó el mayor déficit en la balanza comercial en un periodo similar en los últimos cinco años…
Fragmento del análisis que se publica en la edición 1922 de la revista Proceso, ya en circulación.

Fuente Proceso

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