martes, 11 de junio de 2013

Astillero: A Dios, lo que es del César / Jesucristo a gobernar / Oleada de "consagraciones" / ¿Estado laico, Constitución?



Julio Hernández López

Se ha puesto de moda entre políticos de diversas adscripciones ideológicas el invocar a presuntas fuerzas superiores para que ellas resuelvan lo que los políticos terrenos no pueden. La fórmula parece simple: ceder, entregar o consagrar la cosa pública a dioses y auxiliares de ellos que así se convertirían en corresponsables, interventores, tutores o cuando menos escudo disuasor. La religión traída al centro de lo político en intento de disfrazar o suavizar el fracaso del ejercicio gubernamental y el hundimiento de la clase política nacional que nomás no atina más que a beneficiar sus muy particulares intereses.
La letra legal que ha dado forma a un pacto de convivencia republicana, con separación de Iglesia y Estado, queda así convertida en pieza de museo sin visitas. Y se abre el paso a la nueva oleada vaticana que luego de haber apoyado al priísmo en su retorno al poder cree llegada la hora de cobrar réditos acordados, mediante una mayor presencia en las escuelas, las plazas, las calles y los medios de comunicación y con un adosamiento sin pudor de ciertos políticos a la elite religiosa estadísticamente dominante.
El pasado 20 de abril, en la ciudad de Chihuahua, el gobernador de la entidad habló en un auditorio al que asistieron más de 10 mil personas y cuyos asientos principales fueron ocupados por arzobispos y obispos correspondientes a esa región norteña. El priísta pronunció allí palabras rituales: Yo, César Duarte Jáquez, por este medio me consagro a mí mismo, a mi familia, a mi servicio público en la sociedad; pido al Sagrado Corazón de Jesús que escuche y acepte mi consagración, que me ayude a la intercesión del Inmaculado Corazón de María, le entrego a Dios y a su divina voluntad todo lo que somos, todo lo que tenemos en el estado de Chihuahua.
Antes de esa entrega, Duarte pidió perdón a Dios por todo lo sucedido en el pasado en Chihuahua. Como testigos, el presidente municipal de la capital y los presidentes locales de los poderes Legislativo y Judicial. Una enorme imagen de la Virgen de Guadalupe había cruzado todo el auditorio, propiedad de la Universidad Autónoma de Chihuahua, hasta ser instalada, rectora, al frente. Emmanuel Acha y su hijo Alejandro interpretaron una versión pop de La Guadalupana y el actor y cantante Manuel Capetillo también participó. En su turno al micrófono, el obispo de la Tarahumara, Rafael Sandoval, explicó lo que había sucedido: Consagrar significa dar en propiedad a Dios algo o alguien, en este caso al estado de Chihuahua (...) Es introducirlo en su ambiente para que sea todo de Dios. Ahora, perteneciendo totalmente a Dios (nota de Alejandro Salmón en El Diario de Chihuahua, http://bit.ly/16Yfjzt y artícu­lo de Carlos Martínez García en La Jornada, http://bit.ly/17DlTuD ).
Un año atrás, otro Duarte, el de Veracruz (una especie de santo patrono de periodistas y opositores, varón sin mácula electoral, aplicado en el rezo del rosario Sedesol), había asistido a la ceremonia de consagración del estado de Veracruz que encabezó el obispo Luis Felipe Gallardo Martín del Campo en la catedral del bello puerto. El gobernador Javier Duarte de Ochoa aseguró que asistía a ese ritual como ciudadano en ejercicio de sus derechos constitucionales y al ser entrevistado por la prensa habló de la importancia de promover los buenos valores en la sociedad. Al acto asistieron la madre del gobernador, Cecilia de Ochoa Guasti; la presidenta del Patronato Salvemos Catedral, Tere Malpica; la alcaldesa Carolina Gudiño Corro; Anselmo Estandía Colom y el líder católico John Rick Miller, según nota del Diario de Xalapa (http://bit.ly/11bGKxS).
Miller fue ejecutivo corporativo y de gobierno de Reino Unido hasta su conversión total a través de la Virgen María hace ya 21 años y se ha dedicado a actividades apostólicas en varias partes del mundo, entre otras:  En Colombia, como consecuencia de las conversaciones con el cardenal primado del país, su eminencia Pedro Rubiano y con el señor presidente de la República, Álvaro Uribe Vélez, se hizo una renovación de la consagración de la nación al Sagrado Corazón de Jesús y una consagración al Inmaculado Corazón de María (http://bit.ly/13vvKwJ).
Este fin de semana tocó turno a la presidenta municipal de Monterrey, con su fórmula ampliamente difundida a través de Internet: Yo, Margarita Alicia Arellanes, entrego la ciudad de Monterrey a nuestro señor Jesucristo para que su reino de paz y bendición sea establecido. Arellanes tiene licenciatura en derecho y ciencias sociales por la Universidad Autónoma de Nuevo León e hizo estudios de posgrado en derecho constitucional y derecho público por la Universidad de Salamanca, España (bit.ly/11pw9yb). Se le acusa de formar parte de un grupo político financiado por el empresario de casinos Juan José Rojas Cardona Rojas y en el que participan los hermanos Larrazábal, famosos por el escándalo de los quesos y los juegos de apuesta en aquella metrópoli.
Antes que Arellanes, el presidente municipal de Guadalupe, Nuevo León, el priísta César Garza, hizo similar entrega, como puede verse en http://bit.ly/17Dpby4 y en el municipio de Benito Juárez, también en Nuevo León, el panista Rodolfo Ambriz Oviedo hizo lo propio (http://bit.ly/ZFY9Bh). En Baja California, el presidente municipal de Ensenada, el priísta Enrique Pelayo Torres, entregó las llaves de la ciudad a Jesucristo (http://bit.ly/165Zmn2). Y no se olviden los tonos religiosos usados en su segunda campaña presidencial por AMLO, no sólo en cuanto a su república amorosa, y ahora la concurrencia de Miguel Ángel Mancera al atrio de la Catedral Metropolitana para desarrollar una campaña de desarme voluntario. Amén.
Y, mientras es escuchada la grabación del candidato del PRI a presidir el municipio de Benito Juárez en Quintana Roo (que incluye a Cancún), en la que habla de programas del gobernador Roberto Borge que dan argumentos para pedir votos (http://bit.ly/11vq1ph), ¡hasta mañana!

Fuente Proceso

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